martes, 26 de mayo de 2009

Piedras en la construcción de la fe

Imponente
Magnífica
Espléndida
Magestuosa...
Son adjetivos que se quedan cortos para describir a la Basílica San Pedro. La sensación es única, es como retroceder cientos y miles de años atrás para estar más cerca del a historia de la cristiandad.

Es ver facetas de la vida de Jesús con sus discípulos plasmadas fielmente por Miguel Ángel. Es caminar por un pasillo tan ancho y largo que pareciera no tener fin, donde se conjugan arte, historia, ciencia, razón y fe, sin discriminar a ningún visitante.

Es abrir las puertas a un templo histórico, base para la religión cristiana que alude a la frase de Jesús: “Eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”. De algún modo todos somos pequeñas “piedras” en la Iglesia, pero no estorbando en el camino, sino como piezas claves para lograr una construcción firme y que dure hasta el fin de los tiempos.

Estar aquí es renovar la fe al sentirme presente en el lugar donde esta nación, donde se debatieron tantas luchas en su contra y donde tantos hombres y mujeres fueron perseguidos por sus creencias. Es sentirme agradecida con Dios por mi fe, por creer en lo que creo, por sentirme responsable de continuar esa lucha por lo que creo. Es recordar a todos aquellos que han acrecentado mi fe, porque me han hecho sentir que, al venir de Dios, tienen algo bueno que aportar a mi vida y que debo tener apertura para identificarlo.

Roma – 07 de abril de 2009 / 04.07 pm

viernes, 13 de marzo de 2009

Huellas que permanecen en la arena

A esas personas que nos han herido dejando como huella una cicatriz imborrable también es oportuno agradecerles, porque:

Con sus golpes verbales nos han enseñado que sin caídas la vida sería como una autopista recta y con un horizonte muy lejano, sin altibajos que permitan ver más allá.

Todas esas experiencias que a veces catalogamos como tragedias o grandes problemas de alguna forma nos inmunizan contra otras situaciones similares, aunque el ser humano, por el mismo hecho de serlo, puede equivocarse nuevamente. Es inevitable, es parte de su naturaleza que, por relacionarse con otros, tenga roces y diferencias que hacen más interesante esa interacción con los demás.


Tarde o temprano, tras una de esas decepciones, cuando la ola se retira y queda en la arena una sensación de paz, así cada quien hace catarsis y drena su rabia para vaciar todas las ideas que le agobian. De igual forma queda en la arena absorbida el agua que va y viene infinitamente dejando algo nuevo en cada llegada.


A quienes reprochamos el habernos hecho daño también deberíamos agradecerles que nos han permitido reconocer lo variopinto que es el ser humano, cada uno creado con la misma “fórmula” pero con resultados tan distintos.
Esas heridas son un llamado a buscar en la individualidad de cada quien un rasgo positivo o de bondad que opaca lo circunstancial de lo malo y destella, como el sol sobre el mar, aquello que es permanente y bueno.

Este manual de acción sólo puede ser puesto en práctica reconociendo al “otro” como un igual a mí, con sus valores, pensamientos, cultura, formación y derechos que, al igual que yo, desea exteriorizar. En esto hace falta humildad para acercarse a quien nos ha maltratado, reconocer si estábamos equivocados y procurar el diálogo, no como reproche sino como un camino que lleve a la reconciliación sincera y dispuesta a aprender el uno del otro.

Las heridas que causan cicatrices imborrables nos marcan para toda la vida de manera que están latentes para no dejarlas en el pasado, por el contrario, tenerlas presentes en todo momento, no por el daño causado, sino lo bueno que fuimos capaces de sacar de la situación.

martes, 14 de octubre de 2008

Personas que marcan el camino

Me levanto a las 6 a.m., me lavo la cara y cepillo mis dientes. Comparto un café con mi familia, me visto, tomo el ascensor y me encuentro a la conserje, ya saliendo saludo a unos vecinos y comienzo a caminar. Con un gesto de sonrisa que significa agradecimiento me dirijo a la persona que me dio paso para cruzar la calle, doy los buenos días al subir al autobús y las gracias al conductor al darme el vuelto. Camino hacia mi trabajo y me consigo a una amiga que tenía tiempo sin ver, conversamos brevemente y nos despedimos, llego a la oficina y saludo a todos, ya en la computadora comienza el día y la conversación con quién sabe cuánta gente.

Sería imposible tener un dato exacto de la cantidad de personas con las cuales interactúo a diario, incluso creo que ésta es una de las acciones en las cuales importa más la calidad que la cantidad. Menos aún será posible tener la cuenta de todas las personas que conocemos a lo largo de nuestras vidas. Sin embargo, enfrentando al cuánto se encuentra el quiénes han marcado huella.

Una huella es una señal que deja un hombre o un animal por el lugar donde pasa. Pero cuando pienso en la huella que dejan algunas personas en nuestras vidas, más que una marca física, como una herida o representación de felicidad, es un sello imborrable que permanece en la memoria. Pero, ¿quiénes realmente nos “marcan”? Los que consideramos han sido buenos y también los que nos han hecho daño.

Los primeros porque:

- Nos han enseñado la magnitud que tiene la bondad en el ser humano, extendiéndonos una mano amiga para levantarnos en los obstáculos y superar los altibajos de las aceras del a vida.
- Nos impactaron con el poder reconfortante de un fuerte abrazo tras cierto tiempo sin ver a esa persona querida, gritando con ese gesto un ¡Aquí estoy contigo!
- Escuchándonos se convirtieron en los mejores depósitos de nuestros dolores, porque pocas veces acudimos a ellos para hablar de nuestras alegrías. Y a pesar de ello, fueron capaces de dejar a un lado sus tristezas para convertirse en médicos de las nuestras.
- A pesar de la distancia de alguna forma buscaban manifestarse como PRESENTES en nuestras vidas, y no como elementos del pasado pisado y de un futuro desconocido. Ya sea un email reenviado en cadena, un mensaje de texto con un simple ¿cómo estás?, un emoticon por el Messenger o escribir en el muro del Facebook. Los medios están, debemos usarlos.
- Las veces que se veían se encargaron de recordarnos lo importante que somos en sus vidas con frases como gracias por venir, me encantó compartir contigo, el tiempo se pasó rápido, gracias por todo…Siendo agradecidos ante aquellas pequeñas grandes cosas.
- No nos reprochan nuestro abandono y entienden que estamos atareados con el trabajo y la familia, cosa que a veces nosotros mismos no somos capaces de comprender.
- Están pendientes de los eventos importantes y no tan relevantes de nuestro día a día, de cómo nos fue en el trabajo, cómo seguimos del malestar que teníamos, si resolvimos el problema que le comentamos…sencillamente se interesan por saber cómo estamos.
- Viven con nosotros las alegrías como si fueran suyas, las celebran, las disfrutan y se encargan de mantener viva nuestra felicidad. Así como sufren nuestras aflicciones y se sienten en la necesidad de buscarles soluciones y ayudarnos a resolverlas.

Continuará…

sábado, 27 de septiembre de 2008

Aceras en construcción

Caminar por las aceras de la ciudad se ha hecho imposible porque casi todas (por no pecar de exagerada y decir todas) están destruidas y en “remodelación”. Eso me recordó los típicos letreros que dicen: Disculpe las molestias causadas, trabajamos por su comodidad. A mi juicio están trabajando por su comodidad los que aspiran a cargos de elección popular en noviembre, no en vano han vuelto la ciudad “patas pa´rriba” arreglando lo que se fue destruyendo por años.

En medio de el ruido que causa el perforar de las calles que buscan mejorar estas caminerías del hombre de a pie, siento que ese vivir en aceras en construcción es un reflejo de que vivimos en un país joven y que está construyendo su futuro. ¿Quiénes son los artífices de estas estructuras de concreto que simulan las bases de una gran torre? Quien más que todos y cada uno de los ciudadanos que transitan esa infinita vía llamada historia y que escriben con el sonar de sus pasos lo que será recordado por las futuras generaciones.

Cada quien aportará lo que se proponga a ese país en construcción: aspectos negativos como la intolerancia, la violencia, la impaciencia, la agresión física y verbal, la división, el resentimiento, la soberbia, el egoísmo…han desbordado las calles del territorio en un duro enfrentamiento con los valores que forman parte de nuestra identidad nacional, como la tolerancia, la paciencia, la amabilidad, la unión, la sinceridad, la colaboración y entrega hacia los demás.

Al tiempo que uno colabora como constructor de su patria, se siente útil y que de alguna manera le está retribuyendo todas las bendiciones concedidas. Esto comienza por sentirse dueños de esta gran propiedad y no sólo transeúntes que no les importa lo que ocurra porque mañana la abandonarán. Es sentirse como un eslabón importante de la cadena de desarrollo del país, cuyo aporte es imprescindible para la buena marcha del mismo y que nadie puede suplantar.

Ya que somos parte de ese proceso de construcción, en nuestras manos está el hacer que la obra final esté perfecta, sin grietas y huecos que se abran con el pasar del tiempo, y que le dan inestabilidad e inseguridad a ese tránsito por la vida. Tratemos que esas caminerías estén libres para recorrer y que sirvan de encuentro con esas otras personas.

No sólo somos artífices de las aceras del país, sino las de nuestras vidas. Cada quien asume libremente y como decisión personal qué características tendrá el camino a recorrer en su vida.

Si serán pasos firmes y seguros con la intención de reafirmarse como personas, o si la regla será “como va viniendo vamos viendo”, en una constante improvisación que se dedica a tapar los huecos con pañitos calientes, y no a perforar hasta llegar el fondo del problema y atacarlo de raíz.

viernes, 19 de septiembre de 2008

Los colores del corazón

El Diccionario de la Real Academia Española plantea como una de las definiciones de color “carácter peculiar de algunas cosas”, es decir, una cualidad que distingue a uno de otro. Si consideramos esta definición para aplicarla al ser humano logramos divisar que sí es posible decir que cada hombre tiene un carácter peculiar, cada ser es “único e irrepetible”. ¿Qué significa esto? Que al crearnos, Dios nos atribuyó cualidades específicas que no se repiten en otro ser y que nos hacen personas, no miembros de una especie. ¿Hablamos sólo de diferencias físicas? No, porque también somos distintos en pensamientos, cultura, educación, familia y todo el entorno donde se va configurando nuestra personalidad.

¿Qué implicaciones tiene que cada seamos únicos e irrepetibles? Que vamos a tener divergencias con los otros, a pesar de las coincidencias, cada quien ve las cosas desde un punto de vista diferente y por más que trate de explicarlo al otro será difícil verlo con plena claridad. Sin embargo, esto no significa que sea imposible llegar a acuerdos y concretar puntos en común, por el mismo hecho de ser racionales estamos en el deber de orientarnos a intercambiar puntos de vista y alcanzar acciones en pro del bien común. Es un reto conseguir coincidencias en medio de las divergencias, y esto será posible sólo en la medida que seamos capaces de sacrificar con amor y en silencio nuestros intereses para alertar nuestros sentidos (escuchar, observar, entender) sobre lo que las otras personas nos manifiestan.

El hecho de ser diferentes como los colores no debe ser un obstáculo en las relaciones humanas, sino un camino que se inicia para recorrer juntos y conocernos los unos a los otros. En esa interacción nos enriquecemos al ver que cada uno tiene virtudes en potencia que se pueden desarrollar si se unen los esfuerzos.

Cuando pensaba en “los colores del corazón” venía a mi mente la belleza del arcoiris que gracias a la diferencia de sus tonos resultaba llamar nuestra atención, y no por ser homogéneo. Igual el mar que es azul pero tiene infinitas tonalidades, el verde de las montañas, lo rojo de nuestra sangre, el color de nuestros ojos, cabello y piel, el marrón de la tierra, lo negro de la noche, lo radiante del sol, el pigmento de las flores…entre miles de ejemplos que nos demuestran la belleza de la diversidad como producto de una convivencia sana entre los elementos que componen la realidad. Y en las relaciones humanas es similar porque al interactuar unos con otros como seres sociales que somos nos damos cuenta de la belleza que encierra cada quien en su singularidad.

Donde cada corazón tiene una coloración diferente y capaz de darle luminosidad al otro, y cada uno de nosotros tiene un rayito de luz para poner en la vida de quienes nos rodean. Asumamos el compromiso de ser luz en medio de la oscuridad, aceptando las diferencias y no tomándolas como desventajas sino como oportunidades de conocernos y ser mejores juntos.

Para tejer los recuerdos de “abre tu corazón” con esta convivencia veo cómo en esa apertura a los demás permitimos que entren en el nuestro, corazones tan distintos y que son parte de nuestra vida. Además, el corazón de cada uno se irá tiñendo según sus intenciones de ayudar y de cumplir con el compromiso asumido que pasó de nuestros labios, a los oídos de los asistentes, al video, al papel y deberá concretarse en acciones.


Amigos de “los colores del corazón” que Dios los bendiga.