jueves, 18 de junio de 2009

El ruido interno

Cuando recorría mi camino de rutina venían a mi mente tantas preguntas que chocaban con el corneteo y el pasar de los carros. Vi la belleza de las flores en un kiosco y olí el aroma de las rosas mientras le arrancaban las espinas. Me regalaron una sonrisa cuando estaba a punto de tropezar con un transeúnte y de repente se hizo el silencio en mis oídos.

Llegaron a la escena todas las preguntas que no me habían dejado dormir, enfrentadas una a otra buscando solución. ¿A cuál de ellas ver? No podía discriminar, preferí huir por la derecha (aunque estaba en la acera izquierda) y ver un poco hacia el cielo. Allá arriba fijé la mirada por breves segundos donde me hicieron sentir que se encargarían de responder a cada una de ellas.

Pero ese ruido interno fastidioso seguía ahí latente, preguntando y repreguntando ¿por qué? Hasta que retomé la paz que me dio ver el cielo un tiempo antes y, por obra divina, todo tomó su cauce. Eran como piezas de rompecabezas que “caían” de ese techo de nubes y se ubicaban en su respectivo lugar. Ya aquello que era molesto se convirtió frases de agradecimiento.

El agite cotidiano, las múltiples actividades, la bulla de la calle y muchas cosas ocupan nuestro foco desorientándonos de lo importante. ¿Qué pasará? ¿A dónde iré? ¿Qué haré? Son interrogantes que nos despiertan en medio de la noche, enturbiando nuestro descanso y, lo peor de todo, que no encuentran la respuesta deseada.

El pensar en el mañana, proyectarse a futuro no tiene nada de malo. Siento, es mi opinión, que el error está en ver tanto hacia adelante que no podamos percibir el aquí y el ahora.
Nuestro entorno nos demanda respuestas inmediatas, acciones, ejecutar, resolver…YA! Sin tiempo para “detenerse” en la acera y escuchar ese ruido interno, entendido como aquellas dudas que busquen respuesta y que sean trascendentales para la vida.

1 comentario:

Elías dijo...

Que interesante de verdad, desde que salimos de casa siempre encontramos una serie de elementos a nuestro alrededor que son producto del entorno que nos perturban y nos dificultan la ejecución al pie de nuestras actividades, es cierto lo que dices mary, No podemos detenernos en las aceras y pensar no es la solución dejarse vencer, pero en esos moemntos si conviene ver al cielo y pedirle a Dios que nos ilumine, que nos eseñe el camino, que nos oriente, para eso hace falta tener paciencia y orar; por eso siempre desde que nos despertamos debemos pedirle a Dios que esté con nosotros en nuestros corazones y en nuestra mente.

Muchos saludos!!!!