miércoles, 20 de agosto de 2008

Aceras vacías



La costumbre de ver las calles llenas de gente sobre las aceras, cruzando la calle, los motorizados y vehículos forma parte de mi rutina diaria. Pero al encontrarme en otras latitudes tengo una percepción distinta al estar en calles muy limpias, semáforos que funcionan, personas que respetan las leyes de tránsito, aceras en buenas condiciones, pero que son poco transitadas.

El andar a pie es sustituido por los vehículos dejando pocas probabilidades para el encuentro humano que se da al caminar por las calles. ¿Dónde se encuentra uno con los vecinos? ¿Cuándo ayuda a un viejito a cruzar la calle? Las oportunidades de ese contacto que se da en las aceras se ven disminuidas porque la rapidez de vida va sobre cuatro ruedas y a mil por hora.

Si bien cada cultura tiene su estilo, sus gustos y colores, las tormentosas aceras que recorremos a diario en esta tierra de gracia nos llevan a un encuentro obligatorio con la realidad. ¿Por qué? Esas caminerías imperfectas, donde hay que esquivar a los motorizados, a los indigentes que duermen en ellas, donde los huecos y obstáculos no se hacen esperar, permiten a cada persona salir de “su mundo” para encontrarse “con el mundo”.

En esta transición de un lugar a otro se da un espacio para pensar que nuestros problemas no son tan graves como pensamos, o mejor dicho, que NO son problemas. Y al encontrarnos con alguien conocido nos detendremos a saludar y conversaremos sobre el trabajo, la salud o la familia en el camino hacia ese destino al que deseamos llegar. Pero si cada quien va ensimismado en su carro, con sus ventanas arriba, hablando solo o pensando en voz alta. Si las personas son sustituidas por máquinas que hacen el trabajo rápido y bien, e interactuamos con sistemas automatizados pulsando opciones hasta lograr lo que queremos. ¿Dónde nos encontraremos con la gente?

2 comentarios:

Carla Alejandra dijo...

Hola Mary.. Muy bueno este artículo.. Pero lamentablemente hoy en día vivimos en una sociedad que no permite muchas cosas, por el ritmo de vida que llevamos y también por la inseguridad y suciedad en la que vivimos acá en la ciudad.. ojalá muchos otros periodistas tengan esta iniciativa de escribir más sobre este tema.

Besos.

Carla (EDB 99 :D)

Rodolfo Alejandro Ponce dijo...

¡Qué paradójico! Aceras hermosas, "boulevares" caminables, pero en algunas ocasiones vacíos en esas otras latitudes.

No hace mucho un buen amigo tuvo un encuentro cercano con la realidad y sobre la acera, cuando el pie se le fue por una alcantarilla que se rompió a su paso.

Lo lindo del cuento es que todas las personas, desde la más humilde a la más encorbatada y apurada, pues le ayudaron a incorporarse y a recuperar el paso, un gesto de humanidad en una ciudad tan impersonal como Caracas.

Afortunadamente, sólo fue un susto, pero ahora cuando voy caminando por ahí las evito con cierto temor paranóico, casi a lo Jack Nicholson, por si las moscas jejeje.

Un abrazo querida Colega, no dejes de escribir